miércoles, 15 de octubre de 2008

Las Promesas 15/10/2008

La tremenda responsabilidad que tomamos sobre nuestros hombros cuando prometemos algo, cuando nos comprometemos haciendo un pacto, un juramento, es sagrado. No existe hecho más importante, ni más relevante que nuestras promesas, ellas miden no solo la profundidad de nuestra alma, sino lo más importante logra dar una real dimensión de lo profundo que son nuestros sentimientos y cuan arraigados están. A través del cumplimiento de nuestras promesas es posible comprender si la persona tiene un marco disciplinado de principios, si es honesta, si es leal. Las promesas se deben hacer solo cuando uno esta totalmente dispuesto a cumplirlas. Muchas veces las condiciones externas cambiaran, no serán las mismas que existían al momento de comprometernos, sin embargo estas circunstancias lo único que hacen, es someter a prueba nuestra integridad. Si somos capaces de mantener la palabra empeñada, de cumplir nuestros convenios, aun a costa de nuestro propio desmedro, o sufrimiento, más temprano que tarde la verdadera dicha, felicidad y paz reinará en el corazón de la persona, en el momento de la tribulación será difícil, pero al final de la jornada, lo más valioso que posee un hombre no le habrá sido arrebatado, su dignidad.

El no cumplir con nuestros acuerdos, porque las circunstancias nos son desfavorables, solo nos traerá un alivio momentáneo, al final del camino no solo se nos habrá arrebatado la dignidad de nuestra persona, sino lo que es peor aun cosecharemos la desilusión, el fracaso, la conciencia esa herramienta divina por la cual se miden las acciones humanas, no nos dejara tranquilo, muchas personas habrán venido con agua y comida a nuestro lado solo para ser echado por nosotros, sedientos y hambrientos. Quién no cumple con sus promesas no solo roba los bienes materiales de su hermano, sino además los dulces sentimientos de amor que este le podía haber prodigado, efectúa uno de las mayores ofensas que existe, la cual consiste en plantar en el corazón de su hermano la semilla del odio, del resentimiento, tal ves sin saberlo del todo se convierte en un Iscariote más, donde entrega el corazón de quién le quería y amaba a los demonios del mal, para que estos le azoten, le escupan y le crucifiquen.

JFFM

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