martes, 3 de abril de 2012
Me niego a creer en un dios que necesita de mis adulaciones, me niego a creer un dios que necesite las lisonjas parsimoniosas de almas sin mente, me niego a creer que el único sentido de la vida es sobrevivir a la misma de manera de ganar la futura, de obedecer a ciegas y sin convicción, me niego a agacharme y ofrecerle mis devociones a un dios que no siente, que no ve, que no huele. Me abrazo a la humanidad, de mis entrañas brota mi ser, de mi razón; la luz que no abdica su origen, sé que sobre la bóveda estrellada habita un Padre bondadoso, su morada ha de estar más allá de las estrellas, la mía aquí donde el eco de mi propia voz muere, donde tantos somos, me siento sólo y sin embargo sólo te tengo a ti, te pido que me mires y descubras que tu hijo necesita de tu calor, entibia mi ser en tus manos heridas y re-enseñame a despertar a un mundo que no oye y a mí que no dejo de temer. Como a tu otro hijo muéstrame si él para que, es mi qué.
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